Todo es un equilibrio

Bueno, me intrigué con las aguasvivas, aguasmalas, lágrimas de mar o medusas, porque me sorprendí que hubiera miles y miles en las costas de Punta del Este, Uruguay. No es común y ocurre uno o dos días y siempre es cuando el agua cambia de temperatura.

El Mar del Plata tiene varias corrientes, por eso un día puede estar gélida como témpano de hielo y otros días tan tibia con una tina de baño en casa.

Aun cuando estos animales resultan una diversión para los pequeños que las cazan y las sacan a la orilla de la playa -uno se encuentra con cementerios de estos bichos al caminar por ahí- y para los mayores es una molestia porque no podemos nadar libremente sin llevarte una quemadura, las medusas cumplen una función muy importante en la vida del mar.

De acuerdo con un estudio del Instituto Tecnológico de California, las medusas son  conductores de aguas frías a la superficie, lo que permite que el mundo marino esté con temperaturas reguladas para que los nutrientes y componentes químicos cumplan sus funciones y se mantenga la temperatura del mar y, por tanto, de la tierra.

¿Qué tal? Eso no quita que sus picaduras duelan y que hay que tener cuidado con las que son del tipo venenoso, ya que pueden quitarte la vida en cosa de minutos. Gracias medusas, pero por favor.. de lejitos.

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Aguas vivas… ¿para qué sirven?

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Tu también puedes volar

 

Caminaba por un sendero de madera, muy parecido al que rodea la playa en Punta del Este Uruguay, pero este era diferente, se sentía lleno de baldosas y piedras, pero la madera se dejaba entre ver.

La luna llena brillaba y el mar se reflejaba en ella. O al revés. De repente, en mi camino se atravesó un búho azul gigante. Lo miré con mucha atención y me atreví a hablarle:

- ¿A dónde vas?

-  A volar, ¿a dónde más?

- Oh, qué maravilla que puedas volar de noche.

- También puedo volar de día. ¿Y tú?, ¿Vienes a volar?

- No, yo no puedo volar.

- ¿Ah, no?

- No, ni siquiera tengo alas.

- Claro que sí tienes, mira.

En eso tomó mis brazos y los estiró con la punta de su gigantesca ala llena de plumas azules que brillaban con la luna.

- Pero no tengo plumas- dije

- Claro que puedes volar. Necesitas un poco de plumas.

Y siguió su camino, mientras mis brazos se convertían en alas para volar.

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“Preciooooosa”

Una chica con un lindocuerpo, excelente gusto para vestir y un rostro angelical, camina por las escaleras del metro Escuela Militar (Santiago de Chile) y un sujeto desconocido le grita “Preciooooosa” con un tono poco cortés, acompañado de otro par de palabrerías.

Otra más en una calle del centro (Ciudad de México) camina con un pantalón de moda que le queda muy bien y un vendedor de tanques de gas se baja del bus para ir a pellizcarle una nalga, decirle alguna frase poco menos que vulgar y correr para huir en el camión repartidor.

Y estas son agresiones leves. ¿Con qué derecho?

Por eso me hizo feliz la marcha por las putas.

¡Buen lunes!

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Santa humanidad

Hay ocasiones en que la gente, al contar alguna anécdota que le conmueve, dice que el protagonista de la historia “es muy humano” como si fuese un valor agregado del comportamiento y no parte de nuestra naturaleza.

Como si portarse como humano tuviera que ser una virtud de algunos y no de todos los que somos humanos. Con mucha gente sensible y otra no tanto he hablado de este tema y la conclusión a la que llegan todos es que el primer problema que hace que se nos olvide lo que es portarse como “seres humanos” es que dejamos de considerar a los demás como iguales a nosotros.

Quién sabe si eso sea el hilo negro de muchas problemáticas pero sí creo que cuando nos detenemos un poco y pensamos en si nuestros actos o decisiones afectan de alguna mínima manera a los demás, el entorno puede ser mejor, porque al menos estoy considerando el espacio de alguien que no soy yo. Creo que es un gran aporte en la vida humana.

Buen domingo.

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La Punta

El mar azul marino en serio. Un azul tan intenso que no se puede dejar de contemplar. No se mira el reflejo del sol, solamente de la luna y lo acompaña una brisa llena de refrescantes suspiros. Casi frío. El sol sale y se esconde por el mismo lugar y es, por eso y otras cosas, una ilusión muy desconcertante.

Es Punta del Este de Uruguay. El gigante turístico de este país que resucita cada año como el ave fénix durante el verano. Tres meses y medio llenos de turistas, música, comida y mar. Todo un paraíso.

En Playa Brava una hilera de sombrillas y camastros son los causantes de la contaminación visual del mar que presume sus olas, como un largo vestido de seda que baña la vista de la arena. Al lado, surfers entrenan con entusiasmo para lucir sus tablas y trucos, aunque sea, a sus más cercanos.

De repente comienzan a aplaudir. Toda la gente al unísono aplaude sin razón aparente, porque justo los surfers no tienen olas donde nadar y parece un código conocido por todos. Observo y escucho para tratar de entender qué pasa.

Es un niño perdido. Un pequeño de 5 años que llora porque no encuentra a su mamá. Uno de los policías que guardan la seguridad de las playas lo lleva en su mano. Y todos aplauden para que las madres que están tomando el sol sepan que hay un niño perdido.

Las madres buscan alrededor a sus cachorros y el rito termina cuando la madre distraída se da cuenta de que su hijo que pensó estaría chapoteando en el mar, está perdido.

Y cesan los aplausos para dar paso a la puesta del sol.

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Surreal

De repente recordé todas las veces que la gente que me quiere me ha dicho que no sea perseguida. Que no tenga paranoia. Que no tenga malos pensamientos. Pero una espina rara en el estómago se quedó clavada como aguijón mucho rato.

Es más, en retrospectiva, ese aguijón existe desde que puse el primer pie en ese lugar tan surreal: los colores verde y negro, el blanco de las paredes, las sonrisas incesantes, el nunca hablar de lo que existe afuera ni mencionar la tuerca que no funciona, desde el comienzo, me enterró ese aguijón en el estómago. Como cuando uno dice: Me da mala espina.

Pero en esta realidad tan capitalista, no importan los presentimientos cuando la necesidad apremia: comer, dormir con calma, tener algo con qué defenderte… y lo más divertido es que esas cosas tan objetivas las encontré en un lugar tan surreal.

Pero la calma nunca llegó. De repente, como en el zoológico, comenzaron a buscar especies del mismo origen para completar un cubo donde yo me encontraba. Y tantas veces que traté de embellecer ese cubo. Muy a mi torcida forma. Torcida para ellos. Y no lo logré porque el cubo simplemente no era bello.

Y el aguijón seguía ahí. Cuando confesé el resto de los acompañantes que sentía que querían deshacerse de mi con las especies similares a la mía por querer embellecer el cubo, me dijeron que era una perseguida.

Y una semana después, fui exiliada. La razón oficial fue porque no estaba enamorada del cubo y no me veía feliz.

No vuelvo a ignorar los aguijones de mi estómago. Además, desde que dejé el cubo, el aguijón desapareció.

Y volvieron las noches de calma. Y las ganas de seguir buscando cubos nuevos donde uno pueda florecer.

 

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Dehesa y Borges

Dehesa. Germán Dehesa

Ya no quiero que se mueran más escritores. Me pongo a pensar en lo que generaron en la vida de muchos de mis compañeros de escuela, de mi misma. Cómo lograron que más de uno soñara con ello. Soñar con escribir y llevar de viaje a aquellos que nos leyeran.

Recuerdo cuando conocí a German Dehesa. Fue también cuando estaba en Reforma y cada jueves recibía de su asistente, su fiel Chavirita, su columna.

Un día decidí ir a conocerlo en persona y hablar. Recuerdo que lo vi por el metrobus Teatro Insurgentes y que su oficina por fuera parecía una casa. O una oficina. En verdad nunca supe si él vivía ahí.

Hablamos cerca de una hora, pero más bien él habló y me preguntó de todo: mi edad, el porqué estaba en Reforma, porqué había querido conocerlo, si me gustaba leer, sus lecturas favoritas… tiene algo así como 4 años de distancia ese momento.

Ahí mismo me invitó a tomar sus clases para aprender a leer a Jorge Luis Borges, algo que en toda mi carrera siempre soñé lograr, ya que lo único que logré leer con completo entendimiento de él fueron las ruinas circulares.

Fui. Varias semanas fui a escucharlo en la Facultad de Filosofía y letras, pasabamos dos horas enteras aprendiendo a leer a Borges y la experiencia que Dehesa había tenido con él y con Julio Cortazar.

Eramos como 150 pesonas atiborradas en un salón de la UNAM, la casa de Dehesa, quien siempre la defendió y criticó sin pelos en la lengua.

Que en paz descanse Dehesa. Yo llevo en mis recuerdos sus frases y su atinado sentido del humor. Me quedo con una frase poco ortodoxa, como él, que decía: “Pollos Marco Pollo. No tiene nada que ver con lo que aquí estamos hablando, pero me dio risa cuando en Veracruz los vi y me dije, de una vez lo imprimo”.

Q.E.P.D.

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Nos vemos, Monsi

En 2009 pude tener contacto vía mail con Carlos Monsiváis. Ya lo había yo visto en Reforma, cuando yo trabajaba en la redacción de ese diario, pero fue en Chile cuando descubrí lo maravilloso que es escribir de un personaje, descubrirlo, encontrarlo.
Fue entonces que, vía mail,  mientras le pedía a Monsiváis que me diera la lista de sus libros favoritos de viaje, aproveché de pedirle también una entrevista, aunque fuera vía telefónica desde Santiago, y que me contara lo que el quisiera, una anécdota, lo que fuera.
Pero a ese  mail ya no respondió ni para decir que no.
Esto fue lo único que pude obtener de Carlos Monsiváis cuando desde Chile le pregunté vía mail cuáles eran sus libros de viaje favoritos, respuesta que fue luego publicada en El Mercurio en 2009:
“Estimada Leslie Aguirre:

Aquí va mi lista:-

Viajes de Marco Polo, del nomadismo como exotismo
Alrededor del mundo en ochenta días, de Julio Verne, el verdadero inventor de las agencias de viaje
En la Patagonia, de Bruce Chatwin, la imaginación al servicio del detalle
Los papeles de Pickwick, de Charles Dickens, el viaje por Inglaterra como el desfile de situaciones satíricas
Los inocentes en el extranjero, de Mark Twain, la crítica de los antecedentes del turismo
Esta es mi primera reacción ante su pregunta.

Un saludo cordial.
Carlos Monsiváis.”
Q.E.P.D.
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Me acordé de Chabelo y los boletos que no llegaron

Estoy segura que todos los mexicanos, al menos aquellos que nacieron hace 3 generaciones, saben quién es Chabelo. Xavier López “Chabelo”.  Para quienes no lo conocen, es un señor de 75 años que conduce un programa de televisión llamado “En Familia con Chabelo” desde hace 40 años, el cual se transmite por el canal de las estrellas -el mismo donde pasan las telenovelas, o teleseries, que llegan a todas partes del mundo, sobre todo a Sudamérica-. Un programa para niños, para divertir a todos.

Imagen del animador infantil -así lo llamaban en televisa hace 40 años-

Para los que recuerden al Tío Gamboín (Ramiro Gamboa), un buen día en la década de los 60, éste personaje de la televisión mexicana necesitaba a alguien que actuara como niño. El nombre del personaje era “Chabelo”. Xavier López era estudiante de medicina y trabajaba como asistente de cámaras en lo que hoy se conoce como Televisa San Angel. Lo invitaron a él porque se hizo famoso entre los compañeros imitando voces. Y así fue que Chabelo nació hace 50 años.

Yo recuerdo que, como cada domingo, Chabelo aparecía en mi televisión. Despertaba y estaba su programa y sufría con las “katafixias” del final de cada transmisión. Un día, cuando yo tenía 6 años, mi mamá me contó que había enviado una carta al programa “En Familia con Chabelo” para que nos mandaran boletos y pudieramos ir con mis primas, pues yo era hija única.

Pasó el tiempo. Los boletos no llegaban y a mí se me terminó olvidando que mi madre quería llevarnos a mis primas y a mí a ver si nos ganábamos una bici o una sala, o de perdis una “dotación” de dulces de la Tutsi Pop.

Pasaron los años y nacieron mis hermanos Rodrigo, Andrea y Nidya, de 19, 13 y 9, respectivamente. Cuando Rodrigo tenía 11 años y yo unos 18, llegaron los mentados boletos a la casa. ¡Pero yo ya no tenía las mismas ganas de ir a ver a Chabelo que hacía 12 años atrás!

Me ofendí mucho, porque recordé que ese regalo era para mi y mis primas. Y los ganones fueron mis hermanos, la pareja de mi madre y ella. Yo además tenía novio y los domingos era el día que paseabamos con sus padres. Así que… me quedé con las no ganas de ver a Chabelo.

Ojalá no le haya pasado esto a ninguna otra familia porque, en serio…. puede ser traumático sobre todo si el “ataque” de “olvido” viene de un personaje de televisión tan importante para los niños de hace tres generaciones.

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