El tahitiano esquiador

Entre la calidez de la nieve

Leslie Aguirre

Maui mide poco más de un metro setenta y cinco, es de piel morena, luce una sonrisa blanca, gigante y contagiosa, su cabello con rulos negros esta perfectamente peinado, viste ropa de marca, muy jovial, al igual que el auto último modelo que lo transporta por Santiago. Siempre y cuando no esté en Francia entrenando. Él es Maui Gayme, un tahitiano-chileno que ha dedicado su vida a la nieve.

Olimpiadas de Salt Lake

Olimpiadas de Salt Lake

Desde que Maui tenía cinco años, su mamá, Patricia Anguita, lo inició en la carrera de esquiador, misma que a los 14 lo llevó a ser campeón nacional en Francia. Todo ese tiempo Maui también ha sido campeón nacional en Chile. Entrena la mayor parte del año en Andorra, pero en campeonatos mundiales de deportes en nieve corre siempre con la camiseta chilena. Y al hablar de su nacionalidad, con orgullo dice que es tahitiano.

Maui nació en Tahití un 31 de octubre de 1983. A los tres días de haber llegado al mundo, su mamá biológica lo “regaló” a su mamá chilena. “En Tahití adoptar y ser adoptado es un honor, la mamá de él tenia siete hijos y yo ya no podía tener más, entonces me lo dio. Sólo tuve a Michael y adopté a Maui”, explica Patricia.

El todavía campeón de esquí en Chile supo la historia de su adopción a los nueve años y Patricia recuerda lo mucho que él se enojó. Le explicó las condiciones en las que se dio su adopción: el hecho de que ella sólo había podido dar a luz a un solo hijo, sus deseos de tener más hijos, el deseo de su esposo de darle gusto con más familia, las costumbres de los tahitianos. Pero no lo comprendió en un inicio. “Tenía que saber sus orígenes, lo senté un día, le conté toda la historia, se enojó mucho y me preguntó un día si lo habían abandonado, le dije que no. Él dijo que yo era muy inteligente porque estaba inventando la historia”, recuerda.

Y fue que decidió ir a Tahití para comprobar que su madre no le mentía y conocer realmente de dónde venía.

“Yo no entendía nada y de ahí partimos a Tahití directamente a ver a mi familia para conocerlos a ellos y para saber de dónde venía. A los once años los ví por primera vez. Fue un shock. Impresionante. No entendía nada, no sabía que ella era mi mamá, que él era mi papá, de dónde había salido”, recuerda Maui.

 

“Es bueno adaptándose”

 

Los niños son crueles al señalar a alguien cuando es distinto. Michael, el hermano de Maui, recuerda que cuando él era “muy chiquitito”, como hermano mayor tenía que defenderlo de los chicos con los que jugaban, pues le decían comentarios tortuosos, como que sus papás no lo querían por diferente, o simplemente que nadie lo quería.

“Él todavía no tenía la edad para entender bien el tema de la adopción y yo varias veces salí en su defensa, estuve ahí con él, apoyándolo en ese sentido y después hablamos y ha sido por su actitud que lo ha superado. Yo lo he apoyado con el tema de la adopción y para mi siempre ha sido mi hermano”, dice Michael Gayme.

Para un niño de 9 años es complejo comprender que no es parte de su entorno como lo es su hermano mayor, explica su psicólogo, Gastón Ortiz de Rozas, quién le ha ayudado en su proceso de crecimiento personal y deportivo desde hace cinco años, con el objetivo de que “se supere a sí mismo”.

“La familia de Maui lo ayudó a comprender porqué físicamente era -y es- diferente a su hermano, pues son de sangre europea, francesa. Un tema así genera rabia pero a la larga es sanador, pues al final comprendes porqué las cosas son así, y ves que tu hermano te quiere tal cual eres, que tu madre te quiere tal cual, Maui vio que fue adoptado por amor, con una familia que lo ama. Él es bueno adaptándose. Cada vez le gusta mas la idea de ir a Tahití. Es feliz”, dice.

A pesar de que con el tiempo lo superó, sus mejores amigos vivieron con él la superación del shock que en Tahití vivió al conocer sus raíces. Nicolás Fernández, también campeón nacional de esquí en Chile y amigo de Maui desde el colegio, reconoce que fue un golpe muy duro para él.

“Fue un tema muy fuerte, no de sufrimiento sino que nunca imaginó tener tantos hermanos, tiene hermanas casadas desde muy chicas con hijos, tiene hermanos físicamente igual a él. Encontró a su familia de sangre. La experiencia no fue fácil, Maui ha sabido asimilar esto, aceptarlo, y además Patricia le ha dado mucho cariño, amor y una vida que es envidiable”, apunta.

 

“No conoce la Disciplina”

 

Un gran corazón, nobleza, fortaleza, alegría, inteligencia. Son las palabras que describen a Maui, al menos en lo que se refiere a sus virtudes, las cuales, quienes lo conocen, no pueden negar que son realidad. Un gran talento para los deportes es lo que lo ha llevado a colgarse varias medallas durante su vida como esquiador, la cual comenzó a los 12 años. Maui se fue a vivir a Francia a esa edad solo, invitado por un entrenador que en él vio un brillo particular en la pista.

Y partió. La mamá de Maui accedió porque en el colegio llevaba 0,5 de promedio y no podía permanecer más así en ninguna escuela, por lo menos en Chile. Y en Francia no lo podían echar, así que llegó a un pueblito de esquiadores en Andorra donde podía esquiar y estudiar.

Desde entonces, Maui permanece en Francia durante todo el invierno y cuando termina la temporada, parte al invierno de Chile, para seguir entrenando. Ese hecho, el de estar fuera de casa, lejos de su familia, y con la responsabilidad de ser un deportista de alto rendimiento y además la falta de sol que, según Maui, tanto le gusta, han significado un gran reto para él.

Son ya dos olimpiadas en las que ha participado: primero en 2002 en Salt Lake City, Estados Unidos, y las segundas en Torinio, Italia, en 2006. En ninguna obtuvo una medalla. Ahora se prepara para Vancouver 2010, pero Maui sabe que sus mejores resultados los tendrá hasta las siguientes olimpiadas. Y es que, desde que fue campeón nacional en Francia a sus 13 años, no ha vuelto a tener los mismos resultados.

Quienes lo conocen, como su mejor amigo Nicolás y su hermano Michael, saben que, si bien Maui es una persona muy amorosa, no es precisamente la más disciplinada. “Él en el colegio, la palabra que lo describe es flojo. Es flojo, no le gusta estudiar. Yo lo ayudaba a hacer sus tareas, trataba de ayudarlo para que pudiera sacar su colegio. No le gusta estudiar”, recuerda Nicolás.

Michael se preocupa por esa personalidad, que si bien lo ha hecho estar siempre rodeado de amigos, no le ha permitido dar el todo en su entrenamiento. Maui, según su hermano, no canaliza correctamente sus energías, quizá porque no sabe si en verdad lo que quiere es ser esquiador.

Sin embargo, Maui tampoco quiso estudiar una licenciatura. “No me interesa estudiar una carrera. Puedo trabajar, hacer cualquier cosa. En el mundo del esquí puedo ser entrenador, profesor, puedo hacer cualquier cosa que sea afuera, al aire libre, no podría estar encerrado. Estoy tranquilísimo, tampoco me preocupa y tampoco mi meta es ser profesor. Una vez que termine con el esquí, yo me voy a ir a la playa y voy a cambiar radicalmente”, dice Maui.

“A Maui le ha costado mantener su estabilidad en sus resultados deportivos y en su entrenamiento, también lograr el hecho de no tener lesiones, ahora tiene distancia de los más veloces cuando en un momento estuvo muy cerca de ellos y es un camino difícil de recuperar. Es una distancia que mi hermano dejó pasar pero sus capacidades las quisiera cualquiera. Enfocándose a su mayor esfuerzo él puede llegar a donde quiere, depende de lo que quiera y de que ponga el esfuerzo necesario para lograrlo”, dice Michael.

Su mamá lo describe como un talento fuera de serie, “pero como buen tahitiano le cuesta mucho la disciplina”. A decir de Patricia, su hijo es, de cierta manera “algo flojo”, pero no es que lo sea, más bien se debe a una condición cultural de los tahitianos: estar siempre en un estado crónico de relajación.

Maui Gayme

Maui Gayme

“La palabra esfuerzo, por ejemplo, no la conoce. Un día me dijo ¿qué es lo que es esfuerzo?, le expliqué y después me preguntó, ¿y pa’ qué? Es muy indolente el Maui, él hace lo que quiere hacer no lo que debe hacer y eso es muy difícil para un deportista, en eso hemos topado mucho y por eso hemos peleado mucho”, lamenta, mientras atiende varias llamadas al celular y firma cuentas desde su oficina en Cantagallo.

 

“Los olímpicos”

 

Su vida es la nieve y como él mismo acepta, jamás pensó en seguir estudiando. “Pasó por mi cabeza la idea de estudiar una carrera pero pasó tan rápido, que no me di cuenta de lo que era”, asegura Maui, cuyo nombre en la lengua tahitiana significa “Dios del Sol”.

Fue entonces que, con el esfuerzo económico y de entrenamiento por parte de su madre, Michael y Maui pudieron ir a las olimpiadas de Torinio y Salt Lake City. Michael se retiró por una lesión que sufrió hace dos años y por el momento sólo ejerce su carrera de Ingeniero Civil y prepara su boda.

Maui ya puso los ojos en las olimpiadas de Vancouver 2010, aunque asegura que para obtener una medalla, tendrá que esperar hasta 2014. Según Gastón y Michael, Maui ha tenido dificultades para mantener sus marcas en velocidad y permanecer entre los primeros por errores en su acondicionamiento físico cometidos en sus primeros entrenamientos.

A decir de su psicólogo, Maui recién está tomando conciencia de lo que implica ser un deportista de alto rendimiento. Los resultados excelentes que lleva acumulados en su historia como esquiador los ha obtenido por el talento nato que tiene, sin embargo, el paso de los años le ha ido cobrando poco a poco la falta de constancia en su entrenamiento, pues entre cada lesión ha tenido que detener el avance de los niveles a superar, hecho que lo ha alejado de los primeros sitios a nivel internacional.

 

“El reto”

 

La inversión monetaria que Maui tiene que hacer para ser uno de los mejores a nivel internacional es grande: médicos en Francia y en Chile, preparadores físicos, kinesiólogos, su entrenador personal, su psicólogo y, además, los viajes que tiene que hacer y los estilos de vida distintos en los que se tiene que desenvolver, dependiendo la época del año en la que esté.

En Valle Nevado

En Valle Nevado

“Mentalmente y emocionalmente, Maui es completamente capaz de obtener una medalla olímpica, pero primero tiene que entrenar con el rigor que exige un deportista de alto rendimiento”, dice Gastón.

En su historia como esquiador, Patricia Anguita es un personaje muy importante, por el propio papel de ella en el esquí en Chile. Ella formó parte del equipo nacional en su juventud e impulsó varios proyectos de enseñanza en La Parva, mismos que incluyen ideas como la adaptación de clases de esquí para personas con capacidades diferentes, así como la dirección de las escuelas de esquí en La Parva. También es dueña del Café Olímpico del mismo lugar, el cual se llama así en honor a sus hijos “los olímpicos”.

“Es culpa de mi madre que me dedicara al esquí, es una pasión de ella de toda la vida, siempre vivimos en montañas y la pasión del esquí fue dándose por las competencias, por los resultados, los lugares, me fue motivando de a poco, el hecho de esquiar bien y escuchar a la gente que te dice que esquías bien. A los doce años cuando me prepusieron irme a Europa a esquiar dije ‘ya poh’ pero jamás me imaginé estar en el Equipo Nacional Francés”, relata Maui, mientras se distrae con lo que sea que vea por la ventana de la cafetería en la Plaza Perú.

Disperso o no, Maui está consciente de que tiene que entrenar fuertemente para lograr buenos resultados en Rusia, 2014. Compara su especialidad con la gimnasia artística y dice que mientras ahí es mejor que tengas menos de 14 años, en el esquí, por el contrario, mejor te va cuando más experiencia acumulas en las montañas. Y Maui sabe de montañas. Su vida la hizo en ellas.

Se concentra en recordar lo que significa deslizarse por las pendientes de la nieve a una velocidad de 130 o 140 kilómetros por hora, sobre todo cuando lo hizo para los juegos olímpicos de Italia donde, a sus 22 años, no tenía muchas expectativas por la falta de experiencia, pero sí un orgullo por haber logrado llegar hasta ese lugar. Michael también estuvo con él y para los dos fue extraño mirarse uno al otro mientras se preparaban para lo mismo: competir.

“Maui debe invertir totalmente la parte personal, asumir los riesgos de enfrentarse y de que tal vez no resulte el sueño. Tiene que trabajar todas las áreas involucradas, desde la física hasta la mental. El área que le cuesta es la física porque realmente tiene talento y es muy habilidoso, hace buenas lecturas del terreno y su actitud competitiva le ayuda, pero debe corregir sus errores de entrenamiento”, dice Gastón de Rozas.

Esas fallas, la falta de hacer, por ejemplo, buenas abdominales que le den la facilidad de esquiar más rápido o en mejor posición, evitándole lesiones en la espalda o sus piernas, han permitido que baje su rendimiento como atleta. Y esas son las pruebas que tiene que superar durante los próximos dos años, con mucho trabajo de entrenamiento, antes de ir a las olimpiadas de Vancouver.

“Tiene una gran capacidad y una mente rápida. El tema es cómo se aplica en el deporte mismo, cómo se aprende las pistas, cómo opera en ellas, cómo aprenden del entrenador, todo eso hace del triunfo una consecuencia”, explica Gastón, quien tiene sesiones terapéuticas donde pueden hacerlo, como puede ser en Santiago, o en alguna pista de esquí en la que se encuentren.

“Los errores de alguna persona encargada de la parte física hizo que se produjera un distanciamiento en su capacidad de antes y la de ahora. Y es que con poco esfuerzo físico tenía buenos resultados y eso con el tiempo lo llevo a las lesiones.Recién está entendiendo que es todo o nada, que no basta con una buena actitud y Maui se está viendo con la conciencia de que tiene que trabajar físicamente, de que tiene que estar en forma”, afirma Gastón.

 

“Ay Mamá yo quiero”

 

Ser adoptado no es fácil. Menos cuando al volver encuentras la realidad de los tuyos y comparas la tuya: nada es igual. Ni el clima de Tahití con el de Chile o Francia, ni la economía ni la sociedad.

Pero Maui es fuerte y de corazón noble. No se cansan de repetirlo una y otra vez quienes lo aman. Aunque se quejen de su “estado crónico de relajación” y su interminable filosofía de vivir la vida al día, sin pensar en el futuro, sin preocuparse.

En Francia

En Francia

“Ay mamá, mamá yo quiero” fue la canción que venía cantando al bajar de una pendiente la primera vez que Nicolás lo conoció. Eso le hizo ver que era un “tipo que vive la vida”. Recuerda que a los 16 años Maui quería pintarse el cabello y Patricia no lo dejó. Así que entre sus amigos lo agarraron para pintarle de amarillo su negra y enrulada cabellera.

“Cuando estábamos comiendo, Maui se puso la mano en el cabello todo el rato y comía sólo con una mano, hasta que su mamá lo retó y le pidió que quitara la mano. Nunca olvidaré la cara que puso cuando vio el cabello amarillo, me eché la culpa y me retó más que mi mamá. Después le pintamos el cabello con carbón y todavía nos reímos de ese día”, recuerda Nicolás.

Patricia dice que Maui era un mal alumno en el colegio, pero que jamás quiso dejar de ir a clases “porque lo pasaba la raja”. Por eso está lleno de amigos y a pesar de que a los 12 se fue a Francia, al volver, a los 18, sus compañeros de generación lo invitaron a la graduación con ellos.

“No se enoja nunca, nunca habla mal de nadie y nunca se hace problema por nada. Tiene una filosofía bien especial, ahora si tú eres la mamá, eso te saca de tus casillas. Él es muy visual, no fue al colegio a aprender, todo lo que quiere aprender, lo aprende de otra manera. Él aprende por piel, no a través de los libros”, cuenta.

Contó que hubo una época en la que le gustaba mucho jugar Play Station y que pasó dos semanas sentado en la misma posición tarde y noche, sin entrenar una sola vez, frente a la televisión con los juegos de video.

“Maui, anda a entrenar porque te van a superar por dos segundos, le dije. Si vas a entrenar y regresas superando al mejor en dos segundos de tiempo te doy 100 lucas. En eso Maui se puso sus esquís, salió y al volver me dijo: ‘superé por dos segundos al mejor, dame las 100 lucas’, me cobró el dinero y se volvió a sentar a jugar Play Station”, cuenta.

Es, a decir de su mamá, imposible obligarlo a hacer nada que no quiera. Un día tenía dos carreras muy importantes y no entrenó. Patricia le pidió que usara los esquís, que saliera, que practicara. “Déjame en paz”, dijo él. “Salió a correr, lo hizo fenomenal y al volver dijo: ya está, me voy de vacaciones”, recuerda sonriente.

“Yo no puedo meterme en su vida, él funciona así. Ya me metí demasiado y su forma de ser no es para controlarse. Él es muy libre. Él es, simplemente”, asegura su mamá.

Maui tiene un tatuaje de su familia de Tahití. En cada entrenamiento, en cada pendiente en la que competirá, se encomienda a su padre, al que perdió cuando tenía cuatro años.

La adopción, vivir sólo desde los 12 años en inviernos para ser el mejor del mundo, la ausencia de su familia, la muerte de su padre, el no haber querido estudiar y la incomprensión de su feliz forma de ver la vida son los principales pilares de su existencia. Y él sigue sonriendo. Capaz de hacer reír al que tenga frente a él.

Acerca de Leslie Aguirre

Periodista. Amo los arándanos. Y cantar. Y el teatro... No concibo la vida en soledad, pero la soledad es determinante para una vida plena.
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Una respuesta a El tahitiano esquiador

  1. Lo encuentro extraordinario, lo viví y lo senti este fin de semana con su madre chilena y son secos para el ski. deben mostrar a todos los niños chilenos.

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