Caminata de Cal y Canto a la Plaza de Armas en Santiago

Es  una de cientos que he visto las cientos de veces que camino por ahí desde marzo de 2008.

El recorrido es muy simple: comienza en el metro de la línea dos “Puente Cal y Canto”, el cual tiene su entrada en una zona muy popular de la ciudad de Santiago. Se encuentra frente al Mercado Central -algo así como la Central de Abastos de la Ciudad de México, pero más pequeño-, a un lado del río Mapocho y camino a Recoleta, comuna que tiene como característica albergar varios cementerios en las faldas del cerro San Cristóbal.

Hay que bajar del bus justo en ese punto y soportar por unos cinco minutos el olor tan característico del Río Mapocho. No es a caño, pero tampoco a rosas, es una sensación de olor a un baño de casa que tiene una falla en la tubería y ha acumulado basura justo ahí. Sí, eso es. El Río Mapocho tiene tanta basura que el olor a aguas negras es diferente.

Además la basura convive con las aves que sin problemas toman el sol en lo que queda del río, el cual es atravesado por varios puentes vehiculares y peatonales. Este río es enorme, recorre casi la totalidad de Santiago. Y es el más sucio. Y hay letreros donde la gente expresa sus sueños de tener un velerito para pasear en el Mapocho.

Pero no estábamos hablando del Mapocho ni de los asaltos y violaciones de los que es testigo -bajo esos puentes, todo puede pasar-, sino de Plaza de Armas, así que sigamos caminando.

La calle que baja desde Mapocho hasta Plaza de Armas se llama Bandera y ese corredor tiene de todo: puestos de ropa, que a veces sale más cara que la de Wal Mart -chilenos, ya casi llega este monstruo a su país, prepárense…- que conviven con los de fruta de la temporada, muy rica y, sí, barata. Del lado derecho abundan las carnicerías y del lado izquierdo está el Mercado Central. Claro, siempre camino a la Plaza de Armas. Ahí huele a pescado. El Mercado Central se caracteriza por vender los mejores mariscos de la ciudad.

El panorama cambia un poco atravesando Santo Domingo. Esa calle es uno de los límites donde comienza la zona del centro, la cual está perfectamente diferenciada por los adoquines en el suelo. Es como pasar la frontera. Como llegar de la calle asfaltada donde la raza viene a comprar al Mercado Central y sus alrededores, al Centro de Santiago, donde los turistas hacen de las suyas con sus cámaras fotográficas y son muy vigilados por Carabineros… y por los “lanza”.

Y es que el problema no es si está limpio o sucio. El centro de Santiago es como todos los centros de las grandes ciudades, o al menos de las que yo conozco. Es muy europeo pero con su toque de América Latina: Edificios de los años 50 bien adornados con grafitis. Grafitis, letreros, dibujos, estampas. De todo.

En la esquina de Bandera con Catedral, que es una de las calles que rodea la Plaza de Armas, está terminantemente prohibido hablar por celular. A un costado está la entrada del metro Plaza de Armas, del otro lado esta un “Falabella”, que es como un “Liverpool”, mmm, no, no tanto. Es verde con blanco y muy caro, pero nunca como “Liverpool” o “Palacio de Hierro”.

Pero bueno, les decía que mejor no saquen su celular porque los “lanza” están al acecho. Sí, me tocó, por eso lo estoy contando, además de que camino por ahí desde hace diez meses y me sorprende que cada día parece una ciudad diferente. Pero sólo en Plaza de Armas. Bueno, uno llama por celular y un “lanza” lo acecha en silencio a unos pasos, siempre detrás, para que en un momento de descuido -segundos- arrebaten el teléfono del oído.

Si de por sí es frustrante y enoja mucho que un bueno para nada robe algo de nuestras pertenencias, es peor la sensación de impotencia que da el que te lo quiten de la mano, de tu oído, mientras cuentas cualquier tontería a quien te escucha del otro lado. Ya me lo habían contado, pero creo que mi persona no se conforma con las advertencias. Siempre a probar el fuego aunque queme. Aunque esta vez no fue así, la verdad sí fue un descuido idiota.

Lo mejor que hay que hacer es buscar a alguno de esos carabineros que están al pendiente de los turistas. Yo soy extranjera en Chile, pero parezco chilena. Aquí resalta la gente aria o negra. Los demás somos “iguales”. El carabinero en cuestión, al verme llorar de rabia, se imagina lo que me pasó. Le cuento. Me dice: “¡Ah si!, se juntan del otro lado del río -sí, el Mapocho- en la calle tal en el local tal… pero no le recomiendo que vaya”. Lo miro y pienso ¿que vaya? … Le dije ¡vamos!. Pero no me quiso llevar. Pero me prestó su celular para cancelar mi número. ¿Movistar?, sí, le llama fulano de tal, ¿en qué podemos servirle?, fíjese que un hijo de puta me acaba de robar, así que cancele mi número, por supuesto ¿cuál es su Rut -número de identificación-?… y cancelamos mi número.

La explicación del carabinero fue simple: son los peruanos. En Chile ser peruano no es bien visto en muchos de los casos. Esa guerra de la que fueron partícipes ambos hace ya muchos años atrás, donde Bolivia perdió el mar que le tocaba, trascendió en el tiempo -y el espacio- y para muchos chilenos, los peruanos simplemente son eso: peruanos, pero dicho despectivamente.

“Los peruanos tienen una red de venta de celulares robados”, dice el carabinero que señala a los señores sentados a un lado de la Catedral, lo cuales todos son peruanos. No sé si todos roben, o ninguno. Pero sí me consta que son como los albañiles, plomeros y electricistas que están a un lado de nuestra catedral ofreciendo su trabajo.

En fin. Esa es la Plaza de Armas. Mejor caminar rápido y si se antoja uno de los espectáculos callejeros con mimos, con el Mago Palito, con el dibujante del Cristo en el suelo, con los bailarines, músicos… mejor ponte la mochila hacia delante. Es como los espectáculos de Coyoacán, nomás que la Plaza de Armas es más pequeña.

La danza de las distintas máscaras, pinturas, retratos, disfraces, sombreros, guitarras, colores, el cielo azul de verano y el grisáceo de invierno convierte el miedo en nostalgia. ¿Será por el sombrero de charro que está por ahí con el fotógrafo ambulante?

Acerca de Leslie Aguirre

Periodista. Amo los arándanos. Y cantar. Y el teatro... No concibo la vida en soledad, pero la soledad es determinante para una vida plena.
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8 respuestas a Caminata de Cal y Canto a la Plaza de Armas en Santiago

  1. que verdadera mierda de reportaje

  2. María José dijo:

    El titulo es la verdadera historia de la plaza de armas de Santiago y hablaste de todo menos de eso.

  3. mail@hotmail.com dijo:

    Al mapocho ya no llegan aguas servidas…. El color es por la tierra que arrastra desde la cordillera. Negativista la columna.

    La persona con la que hablabas cuando el lanza te robó el celular debe haberle dado las gracias al lanza y sostuvieron una conversación mucho mas interesante…

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