Tu también puedes volar

 

Me encontré caminando por un sendero de madera, muy parecido al que rodea la playa en Punta del Este, Uruguay, con unas cuantas diferencias: se sentía lleno de baldosas y piedras, aunque la madera se dejaba ver.

La luna llena brillaba y el mar se reflejaba en ella. O al revés. De repente, en mi camino se atravesó un búho azul gigante. Gigantesco. Lo miré con mucha atención y decidí hablar con él:

– ¿A dónde vas?, le dije.

–  A volar, ¿a dónde más?

– Oh, qué maravilla que puedas volar de noche.

– También puedo volar de día. ¿Y tú?, ¿también vienes a volar?

– No, yo no puedo volar.

– ¿Ah, no?

– Ni siquiera tengo alas.

– Claro que sí tienes, mira.

Tomó mis brazos y los estiró con la punta de su enorme ala llena de plumas azules que brillaban.

– Pero no tengo plumas- dije

– Claro que puedes volar. Sólo necesitas un poco de plumas.

En eso, vi que tenía algunas plumas colgando de mi brazo derecho. El búho siguió su camino, mientras mis brazos se transformaban.

Acerca de Leslie Aguirre

Periodista. Amo los arándanos. Y cantar. Y el teatro... No concibo la vida en soledad, pero la soledad es determinante para una vida plena.
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